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miércoles, 7 de diciembre de 2011

INIMPUTABLE



 
Ahora están esperando al juez de guardia. Desde que descubrieron el cuerpo colgando del nogal el padre no ha abierto la boca, mientras que la madre no ha dejado de llorar. La mujer policía intenta consolarla abrazándola, pero ella no deja de gimotear con un constante «¡Por qué, por qué, si sólo tenía ocho años!». El otro policía, el viejo, mira al suelo y da vueltas en círculos mientras habla por teléfono en voz muy baja. Los de la ambulancia ni siquiera se han acercado.


Supongo que no tardarán en comenzar con la investigación. Preguntas y más preguntas que les ayuden a esclarecer lo sucedido y decantarse por suicidio o asesinato. Lo mirarán todo. Preguntarán por sus actividades, sus amigos, el colegio, el resto de la familia, el círculo de relaciones de sus padres. Nos pondrán a todos bajo sospecha.


Dudo que descubran que el que le empujó a hacerlo fui yo. Me harté de ser yo siempre el malo y él el bueno, yo el indio y él el vaquero, yo el villano y él el héroe. Me cansé de que me culpara de todo lo que él hacía mal. Y cuando se lo dije me contestó que no le importaba. Que buscaría otros amigos más divertidos que yo. Que si no quería, que no jugara más con él, que le daba igual. Y si hay algo que detesto es que me desprecien. Así que poco a poco le fui convenciendo de que nadie le quería, que no significaba nada para nadie, que sólo era un estorbo en la felicidad de los demás, que lo mejor que podía hacer era desaparecer. Cada día estaba más convencido, pero suicidarse le daba mucho miedo. Hasta ayer, que recibí una ayuda no esperada. Su papá se olvidó de que era su cumpleaños.


Pensándolo bien, supongo que tardarán mucho en llegar hasta mí. Pero aunque lo hagan, no me importa. No podrán hacerme nada. Yo sólo era su amigo imaginario.

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[Imagen obtenida de Google]

jueves, 8 de septiembre de 2011

POST-IT®




Superada la tormenta de la crisis de los siete años, acabamos encallando en la de los quince. Abatidos, decidimos recurrir a la Terapia de Pareja. Allí descubrimos que nuestra única alternativa era dar rienda suelta a nuestras fantasías eróticas. Cómo negar que esta solución reveló, más en ella que en mí, una imaginación ubérrima que supuso el comienzo de nuestro juego de amantes recientes.

Como quince años de matrimonio no habían sido suficientes para atrevernos a arrostrar nuestras vergüenzas, acordamos confesarnos nuestros deseos en notas.

En su primer Post-it® –estándar, cuadrado, amarillo- ella me decía que siempre había querido hacerlo en un parking a la hora en la que casi no se encuentran plazas libres. En el siguiente –cuadrado y azul neón suave- me hablaba de los probadores de Zara en rebajas. Después vino el redondo y rosa en el que me incitaba a buscarla en el vestuario del gimnasio. En uno naranja, con forma de flor, me citó en el salón de actos del colegio de los niños. En el rojo, con diseño de labios de mujer, escribió que desde que habían estrenado el ascensor panorámico que subía al mirador, no había pensado en otra cosa. La noche que lo probamos, al bajar, colé dos paréntesis en el letrero exterior con mi edding 500: ASCENSOR PUB(L)ICO.

Yo sólo usé un Post-it® -76 x 127, verde neón intenso- para contarle que mi única fantasía era que incluyéramos a otra mujer en nuestro juego. Así fue como se coló M. en nuestras vidas. Lo que nunca le conté fue que la cama y las destrezas de M. habían sido mi refugio desde nuestros primeros desencuentros, ocho años atrás.

El terapeuta tenía razón. Remontamos la crisis y todo fue perfecto hasta hoy, en que he llegado a casa y me he encontrado con un Post-it® fucsia, con diseño de flecha, señalando la puerta. Dejó escrito que se ha enamorado locamente de M. y se ha fugado con ella.

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[Imagen obtenida de Google]
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