Al Viejo N.
Por todo lo que me enseñaste
y lo poco que aprendí.
—Abuelo —le distrae mi voz, adolescente, arrebujada en nervios—. ¿Cómo puedo saber si tengo alguna posibilidad con ella?
Es entonces cuando aleja su atención de la madera que talla con la navaja y me sonríe amusgando sus ojos, que son como dos caramelos de menta. Finge pensar, esperando que el humo que trepa desde el cigarrillo sometido con firmeza en el pliegue de sus labios se cuele entre los dos.
Es entonces cuando aleja su atención de la madera que talla con la navaja y me sonríe amusgando sus ojos, que son como dos caramelos de menta. Finge pensar, esperando que el humo que trepa desde el cigarrillo sometido con firmeza en el pliegue de sus labios se cuele entre los dos.
Escondido tras esa nube dulce me contesta.
—Si la puedes hacer reír, la puedes hacer gemir.
*
[Imagen obtenida de Google]
