lunes, 18 de marzo de 2013

REFLEJO




Después de catorce horas preparando un informe que le explique al Comité Ejecutivo qué hemos de hacer para mejorar «de forma sustancial y notoria» el resultado presupuestado para este ejercicio, llego a casa y descubro que no es la mía. Una mujer, que se parece a mi mujer pero que no lo es, me sonríe y me dice «Hola, mi amor». Sin articular palabra, veo pasar a un veinteañero que me escupe un «¿Cómo estás, viejo?» desganado. Mi hijo tiene tres años, ¿éste quién es? Por el respaldo de un sofá burdeos que no he visto en mi vida se pasea un gato siamés que me clava sus pupilas envueltas en un azul desconfianza. Habrá olido que detesto a los gatos. «¡Murakami, sal de ahí!» oigo que le ordena –en tono maternal– la mujer que no es mi mujer, antes de apoyar sus manos en mis hombros y preguntarme «¿Te cambias y cenamos?». Dejo mi abrigo sobre un sillón orejero –horrible, por cierto– y, al tiempo que deshago el nudo de mi corbata y tiro de ella con cansancio fingido, me pregunto dónde estará el baño. Decido aventurarme por el pasillo por el que se ha perdido el joven –que no es mi hijo– con la esperanza de encontrar un baño –aunque no sea el de mi casa– rogando que tenga una ventana por la que escapar sin tener que dar explicaciones, ni a esa mujer –que no es mi mujer–, ni al chaval –que no conozco, aunque me llame viejo–, ni a Murakami –aunque estoy convencido de que este maullaría de alegría si dijera que me voy –. Enciendo la luz del pasillo y el reflejo de los halógenos en un espejo inmenso me descubre adónde he de ir. Al entrar y apoyarme en la puerta que cierro a mis espaldas noto el sudor que me empapa cuando descubro que este baño no tiene ventanas. «¡Papá, que nos morimos de hambre. Venga!» me apremia el chico –que insiste en querer ser mi hijo– tamborileando con sus dedos en la puerta mientras pasa, supongo, camino de la cocina. Intento relajarme y pensar, pero me sobresalta un ruido agudo, extraño, que identifico como las uñas de ese gato –que no es mío– arañando el marco desde el otro lado. Me decido a abrir el grifo porque necesito lavarme la cara y es entonces cuando me veo en el espejo. El reflejo me devuelve a un hombre que no soy yo, que se me parece, pero que no. O sí, si entre esta mañana y ahora hubiesen pasado veinte años.


-oOo-

[Imagen obtenida de Google]

82 comentarios:

Mariela dijo...

Veinte años, catorce horas de trabajo... Buena metáfora de la alienación cotidiana y del eterno tempus fugit del que no podemos escapar. Un placer leerte, Pedro.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me parece un relato donde se acoge maravillosamente la sensación de extrañeza que nos produce el paso del tiempo. Un buen día, un hombre alineado descubre que se ha hecho viejo, lo mismo que su mujer, que su hijo ha crecido y que él mismo no se reconoce ni reconoce su entorno ni su vida.
Para reflexionar sobre todo ese tiempo que dejamos en ocupaciones que no nos importan.
Abrazos.

Yolanda dijo...

Uf, agobiante debe de resultar vivir una experiencia así.
Este micro invita a reflexionar a cerca de los estragos de la excesiva entrega al trabajo. No debemos perder la perspectiva y recordar siempre lo verdaderamente importante.
Me ha encantando el ritmo de la historia.
Mi enhorabuena y por favor Pedro no nos hagas esperar tanto por tus letras. No seas cruel.

;) Fuerte abrazo.

escarcha dijo...

perfecto!
un paréntesis de tiempo que bien podría haber sido perdido adrede!!!

como siempre un placer leerte Pedro!!!!
Abrazos

alejandradiazortiz dijo...

Pedro:

Simplemente, redondo. Bueno. Genial.
Me ha encantado. Y bien sabes que no soy complaciente.

Espero que no dejes pasar tanto tiempo para obsequiarnos con estas joyas.

Un abrazo.

Manuel Rebollar Barro dijo...

Me lleva al universo de Millás y la otredad, con un mundo -que no es el mundo, pero que sí lo es- desfasado (¿o es él?) que ha seguido un ritmo diferente al del perplejo protagonista. ¿Puede uno llegar a un futuro sin imaginar? Me gustan la manera de intercalar el pensamiento del autor para convencerse de que nada de lo que hay es lo que tendría que haber. Tiempo y espacio cortocircuitados, cronotopos que no nos pertenecen, universos matizados y un gato que es el único que sabe que lo de las siete vidas no es un mito y que alguien las ha intercambiado.
Buen texto, Pedro, con sabor y poso a literatura

Celsa dijo...

Excelente texto, inmensamente realista aún desde su aparente vocación de no serlo. Así se pasa la vida haciéndonos extranos de nosotros mismos. Simplemente genial.

carmen dijo...

Precisamente decía hace apenas unas horas, que me gustan los relatos que me remueven y/o me zarandean. Éste tuyo, además, me ha provocado un escalofrío de inquietud.
Enhorabuena por la atmósfera que dibujas y por el trasfondo de lo que palpita entre tus renglones.
Gracias, Pedro. A mi me ha gustado muchísimo. No tardes tanto en teclear: un mes es demasiado para no gozar de buenas historias. ;)
Hasta otro momento.

Esperanza dijo...

Me ha mantenido en tensión hasta el final. Un relato desolador sobre el tiempo perdido y el reloj que no para, magistralmente contado, como de costumbre.
Un abrazo.


Mei Morán dijo...

Esclavos de lo inexorable. Lograda parábola de los abismos que producen el tiempo y la vejez. Y esas ganas incontenibles de gritar: Ese del espejo no soy yo.

Pablo Vazquez Perez dijo...

El cuento es buenísimo y terrorífico al mismo tiempo. Y lo mejor es cómo desarrollas el argumento con un pulso firme e intrigante. Grande, de verdad. Un abrazo.

César Augusto Pacheco (Rashek) dijo...

Sublime. Estaba esperando con ansia tu reaparición, Pedro. ¡Y de qué forma lo has hecho! Creyéndome certero, enfilé hacia lo onírico (pero hombre, que esto va a resultar un sueño...) Y al final me golpeaste con una masa de pura realidad... Pero ¿no es acaso el tiempo pretérito abrazado en la memoria una especie de sueño de lo real? Abrazos enormes, genio.

Bee Borjas dijo...

Muy buen trabajo, Pedro! Lograste un mix entre lo onírico, lo real y esa cuota de misterio que te atrapa desde el principio. Sin dudas un texto para reflexionar y ratificar la alienación en la que la mayoría podemos caer y la costumbre insana de pensar que nuestro tiempo es inagotable.
Un abrazo y como siempre te digo: un placer leerte, mi amigo!

Rosa dijo...

Se ha apoderado de mi la sensación de tu protagonista de que mi vida no es la mía ¿o si?...
Magistral Pedro, plas, plas, plas.

Besos desde el aire

Cabopá dijo...

Cuando vengo hasta aquí, se que debo leer con atención, tus letras siempre están cargadas de expresión y de razón o sinrazón, quizá...

Ese "azul desconfianza" impregna todo el texto y el espejo ese artilugio que la literatura recurre a él para mostrarnos un mundo irreal y absurdo, el de los pensamientos ocultos.

Gracias Pedro por dejar leer tus textos exquisitos.
Besicos, amigo

Janial dijo...

Ni mili, ni micro, ni nano, ni pico. Un relato. Un excelente relato. Me recordó una novela de Max Frisch, "No soy Stiller", no sólo por el argumento. El final le da la razón a Goethe: "Sustraerte a ti mismo, no puedes". Añado a mi paleta de colores el 'azul desconfianza'. Gracias otra vez.

Alma de Adra dijo...

Azul desconfianza me hubiera gustado más como título, es un retrato fulgurante de todo lo que viene . Ese es mi único pero. Me siento identifidisíma con el protagonista, el paso de la vida se le escapó buscando una mejora sustancial y notoria...no le alcanzó ni para ver crecer a su hijo, ni para sugerir que no quería gato, ni siquiera para evitar el sillón orejero...A veces temo que me pase lo mismo :)

Un beso, Pedro

L.P. dijo...

Pedro, un cuento en que la irrealidad, el extrañamiento, la buena escritura juegan en equipo para crear.
He disfrutado aún más con la segunda lectura, de ese lapsus no sabemos si en la mente o en la vida causado tal vez el estrés, hacen que el personaje pierda la noción del tiempo, viva sin vivir su vida obsesionado con el trabajo, un guiño con nombre de gato a la otra realidad de Murakami.

Excelente!

Abrazos a miles

Piel de Retales dijo...

Te echaba de menos Pedro, no sabía que tardarías 20 años en aparecer, pero tu reflejo sigue siendo el mismo, un buen micro que te mantiene en vilo divagando por dónde nos sorprenderás. Enhorabuena. Un beso.

Henry dijo...

El espejo es el reflejo del alma.
Buen relato.

Un saludo

Luisa Hurtado González dijo...

Veinte años pasan volando.
La pena es no tener nada después de tanto: ni mujer, ni hijo, ni gato, sólo un reflejo que parece que quiere ser tuyo, que lo es si aceptas las arrugas.

Hay que pelearse por quedarse con algo más, no sólo esas arrugas. Poder mirar a tu mujer, sentir que tu familia es tuya y decir: "se me pasó volando".

Juan Yanes dijo...

Cuántos llevamos dentro? Lo cuentas con maestría, Pedro. Un abrazo.

La lengua salvada dijo...

Muy buen ritmo. Qué buen uso del guion largo y del detalle asentado en un sofá burdeos. Onírico como una crónica del Murakami humano, no gatuno. Gracias por colgarlo y un saludo desde Berlín (una ciudad blanca, nevada a la espera de que llegue una primavera en la que nadie cree)

RECOMENZAR dijo...

Me gusta como deletreas tus letras cuando escribes

Ricardo dijo...

¡Qué magnífico relato, Pedro! Humor kafkiano y delirante. Me recuerda en cierto modo a "El nadador" de Cheever, lo que dice mucho en tu favor. Esos personajes que insisten en ser la familia del narrador tienen una consistencia inquietante y muy lograda. Enhorabuena por tu texto.

Un abrazo

Humberto Dib dijo...

Es ficción, estoy de acuerdo, pero cuántas personas descubren lo que no son cada día, cuántos se miran al espejo y ya no ven a Samsa sino a una horrible cucaracha envejecida.
Muy buen texto, Pedro. A mí me gusta evaluarlo con la mejor herramienta que tengo: me gustó o no me gustó. Y éste es de los que gustan sin demoras.
Un fuerte abrazo.
HD

Marcelo dijo...

Increible sensación la aportada por tu letras, por momentos uno siente el pánico del protagonista. Para reflexionar realmente. Me encantó.

Sandra Montelpare dijo...

Nada es lo que era después de catorce horas de trabajo, ¿o sí debería?
Lo familiar y lo no familiar, el espejo, la alienación, te paseaste por todos los tópicos, Pedro, con mucho oficio de escritura. CuentAZO como cada uno de los que aquí nos compartís.
Un placer leerte.
Saludos admirados van.

Paz Monserrat Revillo dijo...

Pedro , yo no sé comentar como lo haces tu. Sólo decirte que me ha parecido una idea muy interesante y bien contada. Si me dejas poner un "pero", a mi me sobran algunos "no era yo" , "no me conocía"...
Un abrazo asimétrico y desenfocado

Patricia Nasello dijo...

Con tu permiso, Pedro, me guardo en mi twitter este cuento extraordinario!!!
Mi más sincero enhorabuena por estas palabras, un abrazo

Xesc dijo...

Magnífico. Un acierto marcar el ritmo con las puntualizaciones de quien no son.
Te aseguro que me ha jodido un montón leerlo. He tenido que tachar un boceto que tenía en mi libreta por ser sospechosamente parecido. Parecido, que no igual, porque te aseguro que no me habría quedado jamás tan redondo.
Un abrazo admirado, Pedro.

Rosy Val dijo...

Haces días escribía sobre una mujer que no se reconocía debido a un cambio por fuera... a tu hombre le falta aceptarse quizás desde y por dentro, ¿o no?.
Un placer leerte.
Un abrazo.

Alberto Sanchez Arguello dijo...

excelente decripción y fluidez, felicidades

Fernando Rubio Pérez dijo...

Estas cosas pasan por no hacer lo que deberíamos hacer en la vida. el final lo veía venir, pero me ha encantado la forma de contarlo, el ritmo. Fantástico, Pedro, felicidades.

Un abrazo!

josé manuel ortiz soto dijo...

Pedro: una mirada al futuro que quizá no queremos ver,pero que, tal vez, hay tiempo de cambiar.
Muy bueno.

Horacio Beascochea dijo...

Gran relato, Pedro.

Abrazo

Nicolás Jarque dijo...

Pedro, cuando un hecho excepcional, mágico consigue transmitirse como natural y cierto en una creación literaria, estamos ante el ejemplo de un buen hacer. Has conseguido que todas esas dudas que se planteaban en el relato se desvanezcan con ese gran final.

Un microrrelato que me ha mantenido en vilo y me ha encantado como lo has redondeado.

De nuevo, felicidades.

Un abrazo fuerte.

Cybrghost dijo...

Eso si que es retrasarse en volver a casa.

María Eva Ruiz dijo...

Genial Pedro. Echaba de menos tus relatos, tu visión de las cosas. A veces he tenido esa sensación de que el tiempo se me escapa, y de como en un parpadeo cambia todo aunque no seámos conscientes porque otras cosas nos han tenido ocupados.
Mi admiración.

Un abrazo grande,
Eva.

Sara Lew dijo...

Un texto magnífico. Y me ha sorprendido el final, a pesar de que es lo que me esperaba al principio, pero según se va desarrollando la historia parece que no, que es algo fantástico, y entonces ¡zas! nos bofetea la realidad.
Abrazos admirados.

Zaraceno dijo...

Ingenio y brevedad, muy bueno Don Pedro. Un honor ser amigo de usted.
Saludos

Zaraceno

José Ángel Gozalo dijo...

Muy buen micro Pedro. Parece el argumento de una pelicula de miedo. Me ha gustado mucho la forma en que lo has narrado, dejando la sorpresa para el final.
Tiene que ser terrible perder veinte años de tu vida de un plumazo.

Saludos

Laura dijo...

Pedro... nos acostumbras a esperarte y cuando recibo ese e-mail de que Pedro "ha publicado entre nunca y quién sabe" ... corro para venir a leerte. Creo que lo tienes todo calculado, :) y poco a poco, siembras la necesidad del lector para después recoger los frutos. Creo que podrías escribir cinco como este y que seguramente los tendrás escritos... pero... actúas como un gato agazapado asaltándonos sólo cuando tú diriges la orquesta.

Bien, dicho esto, que no viene a decir más de lo que digo, y que lo digo con todo el cariño del mundo, te diré que tu micro, jugando con el tiempo y la irrealidad de nuestras vidas me recuerda a los "hombrecillos pequeños" de Millás. Y no me preguntes por qué, pero es lo primero que se me vino a la mente.

Me encantan las caracterizaciones de los personajes a través de unos diálogos cortos, mezcladas con el soliloquio del individuo que "no es". Y el gato ...jajá...con ese nombre tan conocido, promete ser un gato que da mucha guerra.

Me gusta mucho Pedro, y hoy antes de marcharme, te diré que: si se me ocurren más cosas volveré para decírtelas porque me siento en deuda contigo, por las tantas veces que dejas un comentario en mi blog y yo, no puedo hacer lo mismo. ;)

Un abrazo y a seguir con esta prosa que tanto me gusta.

Susana Camps dijo...

Que veinte años no es nada lo sabemos muchos, pero no todo el mundo lo cuenta así de bien. Me han gustado especialmente las puntualizaciones irónicas, aunque me ha parecido detectar un tono que no te conozco demasiado.
En fin, esperemos que los próximos veinte no pasen tan rápido. O que los disfrute con quien realmente quiera.
Besos

enletrasarte (omar) dijo...

los años nos pueden convertir en alguien extraño
buen trabajo, saludos

enletrasarte (omar) dijo...

los años nos pueden convertir en alguien extraño
buen trabajo, saludos

Saly dijo...

Hola Pedro: he leido tu relato y no me imaginaba cómo podía terminar. ¡Es genial!. De todas formas el protagonista no está tan angustiado como he estado yo mientras lo leía.
Siento no poderte leer más a menudo, pero no tengo tiempo.Recibe todo mi cariño

A. del Rincón dijo...

Los años disminuyen la capacidad de respuesta y tu personaje hasta delante del espejo no parece darse cuenta.
Como otros dicen, espaciado en el tiempo y a pequeñas dosis podemos admirar tus letras.

Anna Jorba Ricart

Arte Pun dijo...

Hola Pedro, un relato que se deja adivinar, que tal vez llevamos cada uno dentro y cuando nos miramos al espejo casi no nos reconocemos. Me ha recordado a la genial película Click.
Gracias por la reflexión.
Abrazos

Arte Pun dijo...

Hola Pedro, un relato que se deja adivinar, que tal vez llevamos cada uno dentro y cuando nos miramos al espejo casi no nos reconocemos. Me ha recordado a la genial película Click.
Gracias por la reflexión.
Abrazos

Elysa dijo...

Veinte años no es nada, dice la canción. Pero verte de pronto reflejado en ese espejo y no saber en que se te ha ido la vida, eso es muy duro.
Decirte que escribes bien, eso ya lo sabes y con micros como este lo demuestras sobradamente.

Besitos

Ximens dijo...

Pedro, cómo nos llevas de la mano por esa familia que no es la nuestra. Aquí está la trampa: sí que lo es. Hemos empleado la vida en no vivirla y nos encontramos rodeados de desconocidos que son los nuestros. Buena lección para lo que aún están a tiempo. De lo demás no te digo nada, ya lo sabes.

Araceli Esteves dijo...

Un salto temporal de auténtica pesadilla.

Alfonso Carabias dijo...

Muy buen texto Pedro, me ha mantenido en vilo desde la primera hasta la ultima palabra, con una moraleja final muy clara, o al menos para mi.

Un saludo.

Lola Sanabria dijo...

Es descoranzonador ese pispás en que se pasa la vida y el no reconocerte en tus seres queridos ni en el espejo.

Muy buen reflejo.

Abrazos consoladores.

CDG dijo...

Asombrado me quedo no solo con la historia y el tono, sino con la atmósfera, con cómo nos asfixias desde la primera línea.
Enhorabuena.
Un abrazo.

malditas musas dijo...

Sin duda muy interesante, Pedro. Un saludo

Miguel Ángel Page dijo...

Pedro con tu talento consigues provocar reacciones ante hechos que se nos escapan. Reacciones que nos anudan y que, al menos yo, no soy capaz de saber expresartelo como me gustaría. Este reflejo es un magnifico retrato del "tempus fugit". Y un gran ejemplo de lo que debe ser lo fantástico cotidiano.
Un abrazo.

Miguel Ángel Page dijo...

Pedro, con tu talento consigues provocar reacciones ante hechos que se nos escapan. Reacciones que nos anudan y que, al menos yo, no soy capaz de saber expresartelo como me gustaría. Este reflejo es un magnifico retrato del "tempus fugit". Y un gran ejemplo de lo que debe ser lo fantástico cotidiano.
Un abrazo.

Malena dijo...

El otro día caminaba descalza por casa y se acerca mi hijo Francisco. Así, sin estar trepada a los zapatos de taco, descubro que me ganó en altura, que me lleva casi 5 centímetros. No puede ser. Algo pasó. Si ayer lo llevaba de la mano al Jardín. Es otro, a mi no me engañan. Junto con tu protagonista, vivo en un mundo paralelo que se roba horas y años.

Carlos de la Parra dijo...

Magistralmente nos llevas en varios niveles.
Primero por la atmósfera extraña que sorprende al personaje y nos lleva a pensar por un instante que está en casa del vecino en presencia de una vecina cachonda.
Más luego entras a la lógica de que es el tipo que ha perdido la cuenta de los años y el decorado por jamás estar en casa.
Además de que la mujer tiene gusto fatal para el mobiliario.
Buen psicodrama en micro que deja una mirada abierta a mayor contenido en toda su traumática.
Bravo. Un abrazo y que sigan así in crescendo los buenos relatos.

JOAQUIN DOLDAN dijo...

muy bueno!

Rosita Fraguel dijo...

¡Qué maravilla! Un micro que parecía revisitar el tema del doble acaba por ser una metáfora del tiempo que se nos escapa y de la extrañeza de ser nosotros mismos. Qué joya :)

Enhorabuena Pedro.

Gemma dijo...

Francamente, dan ganas de escaparse por esa misma ventana tras leer tu micro... Lo narraste muy bien, Pedro.
Abrazos

Gala dijo...

Parece una pesadilla en vida.
Vivimos tan deprisa que no nos damos cuenta a veces que todo a nuestro alrededor cambia, se mueve, y nosotros inmersos en esos sueños que tal vez un día tuvimos nos ofuscamos en no ver.
De golpe la realidad te abofetea la cara evidenciando que tras nuestros pasos, dejamos atras muchos sueños, que lo que tenemos tal vez no lo queríamos pero nos escondimos en quehaceres mientras la vida iba pasando.

Que genialidad.
Me encantan tus escritos. Y aunque últimamente no me dejo ver mucho, pasar por tu casa es irse con una inyección extra de arte y buena letra.

Besos mediterráneos.

Bágoas dijo...

No sé si la vejez prematura es metafórica o simplemente mágica, pero sea como fuere, has logrado envolver la historia con un ritmo dinámico, que anima a seguir leyendo y averiguar quién es toda esa gente.
Me gustó mucho.
P.D: Gran nombre para un gato.

laura dijo...

mi dios, es cierto Pedro, asi de rapido pasa la vida. Una ni se da cuenta de que los dias se van de una manera estrepitosa y cuando te detenes un minuto a pensar...zas, te pasa lo del pobre hombre de tu historia

buenisimo el relato, como siempre

besos

Raquel dijo...

Una historia, desde mi punto de vista, con diversas lecturas pero que, sin duda, nos empuja a reflexionar. Tus relatos nunca nos dejan indiferentes.

Besos.

midala dijo...

Cierto es...nos miramos al espejo y ...yo por lo menos...pienso..."ostrassssss si ayer tenía 20...y hoy...51!!!!tomaaa castañaaa soy una crackkkkkk!" jajjajajajja depende de como mires las cosas...asi las verás.>Milllll bikosssss genial tu relatos!Tardo en aparecer...tienes razón...pero lo haré siempre!

Gorgias dijo...

Tremendo. Y, a la vez, magnífico.

El culpable de todo este desaguisado es -sin lugar a dudas- el Comité Ejecutivo.

Un abrazo. Γοργίας

Innombrable dijo...

ES UN RELATO COMPLETAMENTE REDONDO
CON TU PERMISO TE SIGO.

SALUDOS
CARLOS

Beatriz Carilla Egido dijo...

Veo que aquí escriben comentarios muy elaborados. Para mí ha sido un relato que me ha hecho pensar en lo rápido que pasa la vida. Saludos

Juanito dijo...

Pasó su vida por encima de él sin que siquiera lo percibiera...
Una perfecta mezcla entre realidad y ficción impecable.
El intercambio ida y vuelta entre el protagonista y el gato, genial.
Excelente, Pedro. ¡Saludos!

Francesc Barberá dijo...

Genial, Don Pedro. He disfrutado del texto y a medida que iba avanzando me preguntaba:¿cómo acabará esto? Pues de forma brillante. Un abrazo.

mili dijo...

Es increíble como con el tiempo podemos llegar a desconocernos;la vida,las distintas experiencias sin darnos cuenta llegan a cambiarnos hasta agobiarnos.

Gran relato
Abrazo

Miguel Díaz Mirón Keusch dijo...

Hola Pedro! Recién llegado a tu blog y gratamente sorprendido, mis respetos. En este momento voy a hacer un recorrido por la casa pues lo que ocurre en tu relato me ha sembrado ciertas dudas.
Un abrazo!

Aldabra dijo...

consigues muy bien el tono angustioso del relato, con esas repeticiones tan bien traídas... nunca puedo ponerte un "pero" porque se nota que eres muy meticuloso en tus relatos... no queda nada al azar, nada sobra y nada falta.

biquiños,

Elisa dijo...

Qué final tan bueno,Pedro, cuando parecía que nos llevabas por el terreno de la fantasía terminamos de golpe y porrazo en la más cierta de las realidades. Que el tiempo pasa de prisa, que dejamos de ser quien fuimos para ser otro, que ese otro en el que nos hemos convertido no le gustaría nada a aquel yo anterior... ¡quién no se termina sintiendo identificado con tu protagonista hoy día, cuando los baños ya no tienen ventanas sino respiraderos! Me encantó el relato.

Mariangeles Ibernón Valero dijo...


Un relato para la reflexión.
Rotundamente bueno. Feliz fin de semana.
Mi beso :)

Espíritu Destilado dijo...

Lo he disfrutado mucho el relato Pedro. Ahora miro mis canas frente al espejo y descubro que hay más de lo que pensaba.

Saludos!



Alba dijo...

Ah, qué bueno! Está perfecto de ambientación. Leí una novela juvenil en mi adolescencia que se titulaba Perdido entre la niebla, me hizo disfrutar muchísimo, el protagonista, cuando había niebla, se convertía en otra persona, aunque no dejaba de ser él. Tu relato me ha trasladado la misma sensación que recordaba leyendo ese libro, es una sensación muy bonita, como una traslación.

Puede que también tenga que ver con que he descubierto que vives aquí cerquita y que eres tú quien lleva El Microrrelatista. Pero si me encanta ese blog. Pero si no lo sabía. Vieras qué gusto, siempre envidio tanto a estos que se encuentran en Madrid que haber topado contigo es como un soplo de optimismo, un decir: pues aquí al lado tengo un amigo, al que le gusta lo mismo que a mí.
Qué alegría he llevado. Y qué bien escribes, carallo!
Muchos besos aquí me tienes y te acompaño. Un orgullo para mí.

Raúl dijo...

Te has currado mucho este relato, Pedro. Enhorabuena.